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"Me hago un chequeo y vengo", dijo un enfermero y murió por covid-19

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La noche del 9 de abril, el enfermero Silvio Cufre tenía 40 grados de fiebre y tos y, como nunca le enviaron la ambulancia que pidió, decidió irse a la clínica en remise tras avisarle a su esposa y a sus seis hijos: "Me hago un chequeo y vengo", pero "nunca volvió", recordó María José Ojeda, su esposa.

"Él no sabía que tenía coronavirus, si lo hubiera sabido, no habría vuelto a la casa para no contagiarnos; pero nunca le dijeron que había coronavirus en la clínica, no lo protegieron y él atendió pacientes contagiados", contó la mujer, en alusión al Instituto Médico Brandsen (IMB), de esa ciudad, donde su esposo trabajó durante 2 años y 7 meses.

"Algo están tapando", le comentó Silvio a María, pero ninguno imaginó que se trataría de la pandemia que había causado tantos muertos en Europa, como habían visto en la tele.

La madre de Silvio también era enfermera, por lo que nadie se sorprendió cuando su hijo estudió esa carrera.

"Cuando estudiaba, Silvio siempre andaba con una naranja y una jeringa. Practicaba dándole pinchazos a la naranja. Tenía muy buena mano para las inyecciones. Los chicos lo querían porque no les dolía cuando él los vacunaba", dijo con nostalgia la mujer.
Silvio era hincha de River y de los Redonditos de Ricota, pero su pasión era cuidar a los otros.

"Solo una vez faltó al trabajo: un sábado que llovía tanto que no pudo salir. Él iba cuando llovía aunque la calle de casa se inundaba. Salía a las 4 de la mañana para llegar al trabajo, se arremengaba el pantalón y cruzaba por el agua hasta pisar la parada", recordó.

Trabajaba en el Instituto Médico Brandsen, de 14 a 22, de martes a sábado. "Laburó en esa clínica 2 años y 7 meses en terapia intensiva y, cuando llamó diciendo que se sentía mal, que le mandaran una ambulancia para ir hasta allá a hacerse ver, no se la mandaron y se tuvo que ir en remise, con 40 grados de fiebre", dijo María volviéndose a angustiar.

El martes 7 de abril regresó de la clínica y dijo que se sentía cansado y que le habían puesto la antigripal, que tal vez eso lo tenía mal. Al día siguiente, fue a trabajar pero al rato ya estaba de vuelta en su casa.

"Andá a comprar un termómetro", pidió Silvio a uno de sus hijos y le dijo a la mujer: "Para mi, lo que tengo es neumonía".

Se quejó toda la noche. El jueves no quiso comer porque "no sentía gusto a la comida", repite la mujer las palabras de su compañero.

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