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Un cura acusado de abusar de chicos discapacitados en Chile dirige un hogar de ancianos en Buenos Aires

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Un cura argentino acusado de abuso sexual a chicos discapacitados en Chile está refugiado en un hogar de ancianos en Tapiales, Buenos Aires, donde es director.

Se trata de Jorge Domínguez, perteneciente a la misma orden que Nelson Jerez, el sacerdote chileno denunciado la semana pasada por un alumno de un colegio de Liniers de haberlo manoseado en estado de ebriedad. Los dos religiosos fueron enviados a la Argentina para evitar el escándalo. La congregación ya había tenido que cerrar un hogar en Coyahique, en el sur del país trasandino, por los múltiples crímenes sexuales cometidos allí contra chicos.

La primera información que recibió un equipo periodístico de la Universidad Diego Portales fue sobre un sacerdote argentino. Las acusaciones hablaban de abusos sexuales cometidos dentro de la obra Don Guanella, de la congregación Siervos de la Caridad. El hombre señalado era Jorge Domínguez, acusado de abusos, extorsión y malos tratos.

Rocío Ñancupil, integrante del grupo formado además por Joaquín Abud y Catalina Volenski, se refirió al trabajo que empezó hace un año y medio, y que se focalizó sobre Domínguez y en su rol de director del Hogar San Ricardo, dedicado a la atención de chicos y mayores con severas discapacidades. "Muy pocos de los internos hablan, muchos gesticulan. Muy pocos caminan bien y no son autovalentes", remarca. Contra esta población indefensa habría cometido los abusos el religioso durante sus funciones en el hogar, en la zona metropolitana de Santiago.

Hubo una denuncia contra él en 2013, dentro de la iglesia. La denunciante, una trabajadora del hogar, viajó al Vaticano para ver qué había ocurrido. "Y no había pasado nada", asegura Ñancupil.

Del mismo modo, hay abundantes acusaciones contra Jerez, que fue director del hogar durante más de 20 años, y contra otro religioso, Rolando Contreras, además de contra de una profesional de la salud.

Cambios de destino

La orden cambió los destinos de los dos curas casi al mismo tiempo. Jerez fue enviado después de las denuncias al Instituto San José de Liniers, donde acaba de ser acusado de abusar de un alumno. Domínguez, por su parte, fue derivado a un hogar de ancianos en la localidad de Tapiales, en la provincia de Buenos Aires.

Ambas instituciones son parte de la obra Don Gonella de la orden Siervos de la Caridad, una red que abarca Chile, Argentina y Paraguay. "Del traslado de Domínguez no dieron explicaciones a nadie y se lo llevaron de repente a la Argentina. Dijeron que era por razones de salud, porque era diabético", continúa la graduada de la universidad chilena.

Las denuncias contra Domínguez en Chile no se limitan a los abusos sexuales contra chicos y adultos sino que incluyen irregularidades graves en las partidas de defunción de los internos, extorsión, malos tratos a los trabajadores y mal manejo de donaciones.

Los jóvenes periodistas recabaron más de 30 testimonios. En julio decidieron informar de la documentación con que contaban al actual director del Hogar San Ricardo, Jorge Poblete, que de inmediato y antes de que se hiciera público el trabajo de investigación emitió un comunicado comprometiéndose a poner todos los elementos a disposición de una fiscalía y a impulsar una causa en la justicia canónica.

Sin embargo, los periodistas no son optimistas al respecto. No es la primera vez que la orden Siervos de la Caridad y la obra Don Gonella se ve envueltas en un escándalo relacionado con abusos contra los internos de una de sus instituciones; y las medidas para impedirlas fueron siempre inefectivas o nulas.

En 2011 varias notas periodísticas revelaron que en la Villa San Luis, en Coyahique, al sur de Chile, se cometían numerosas violaciones de chicos vulnerables en un hogar de la obra. Los responsables eran los curas, pero también los internos mayores, que habían sido a su vez abusados cuando eran chicos. Los testimonios eran desgarradores y crudos. El hogar fue cerrado después de vanos intentos por parte del obispo de encubrir la cuestión.

"Esto ha estado pasando durante más de 20 años, diría 30. Por eso nos resulta ridículo que los directivos actuales nos digan que se acaban de enterar", señala la periodista. "Fueron muchos los curas involucrados. Jerez fue representante legal de la obra durante muchos años. Nunca los castigaron", continúa y agrega: "Solamente hicieron algo para que se conociera primero por boca de ellos para en cierta en forma exculparse, pero permitieron que esto ocurriera hasta que se sintieron en peligro por nuestra publicación, que será muy pronto".

El padre Domínguez, en una de sus misas de sanación y liberación. (Foto: Captura YouTube)

Las ovejas, a los lobos

En los casos de Jerez y del argentino Domínguez, la iglesia siguió un patrón de conducta frecuente. Ambos fueron retirados del ojo del huracán y reubicados dentro de la misma obra donde cometieron los abusos según los denunciantes.

El caso se asemeja al del Instituto Próvolo, donde el principal acusado, el cura italiano Nicola Corradi, había abusado de chicos sordomudos en Verona y fue trasladado a la Argentina donde volvió a cometer el mismo delito. En 2017 el obispo de Verona, Guiseppe Zenti, respondió ante las acusaciones de encubrimiento asegurando que la curia no tenía poder sobre el Instituto Próvolo porque es manejado por una congregación "autónoma".

Una situación similar se había vivido con Napoleón Sasso. El sacerdote -el primero condenado en el país por abuso de menores- había sido sacado de San Juan y pasó por una clínica para curas con depresión y adicciones que funcionaba de pantalla para el "tratamiento" de pedófilos, la Domus Mariae, en una quinta en Tortuguitas. Luego de algunos meses, se lo destinó a un comedor infantil en Villa Astolfi, Pilar, donde fue denunciado por un sacerdote y una laica consagrada por haber abusado de una veintena de nenas. Cuando el caso se conoció, el Obispado de Zárate Campana intentó que se fugara poniéndole a disposición un auto.

"Nos llama la atención que cuando quisimos averiguar cuál era la función de Jerez en la escuela de la Argentina, donde volvería a estar en contacto con niños no aparecía en la página web. Como si quisieran esconderlo", señala Rocío.

Un cura con poderes

En el caso de Jorge Domínguez, que volvió a Buenos Aires después de dos años en Santiago, la actitud es diferente. A cargo del hogar de ancianos de la obra Don Gonella en Tapiales, aparece en videos promocionales y participa de eventos fastuosos organizados para la recaudación de fondos. La obra parece irreprochable: un amplio parque arbolado y edificios con techos de tejas, bien mantenido, donde los internos tienen actividades que los estimulan. Un entorno idílico para que los "abuelos" como los llama Domínguez, pasen sus últimos días atendidos.

Cuenta con el apoyo desinteresado de integrantes de la farándula y representantes del mundo empresarial local. Además, obtuvo respaldo de la embajada y el consulado general de Italia.

Domínguez tiene un don especial para convocar donantes de todos los niveles económicos. El religioso, que participa además activamente en actividades relacionadas con personas con discapacidad y es considerada una autoridad en el área, tiene otro costado que le vale la adoración de los feligreses: es considerado un cura sanador.

Oficia misas de sanación y liberación en el país y en el exterior. "Imposición de manos, bendición del agua, sal y aceite", dicen las convocatorias que circulan en la web.

Hay muestras de unción, liturgias efusivas y demostraciones características de las misas de renovación carismática. Las personas pierden el conocimiento cuando las manos del cura entran en contacto con ellas y todo tiene la apariencia de ser milagroso, pero él humildemente sostiene en un reportaje. "Yo siempre le explico a la gente en las celebraciones que el único que sana es Dios.  Pero es cierto que el Señor se sirve de instrumentos", le dice al sitio Portaluz. A pesar de las graves acusaciones que pesan sobre él y sus compañeros de congregación, Domínguez aún se siente instrumento de Jesús.

Fuente:TN

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