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"Los inmigrantes son antes que nada seres humanos"

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El Papa ha invitado a 250 personas, entre migrantes forzados, refugiados y voluntarios, a una misa en San Pedro para conmemorar los seis años de su primer viaje fuera de Roma, a la isla de Lampedusa. Francisco ha interrumpido sus vacaciones para esta misa en el Vaticano y renovar con ella su compromiso contra la "globalización de la indiferencia".

La ceremonia había sido convocada hace varias semanas, ya antes del pulso en el Mediterráneo entre barcos de ONG's como la española «Open Arms» o la alemana "Sea Watch" que quieren desembarcar en Lampedusa, y el ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, que se lo prohíbe.

"En este sexto aniversario de mi visita a Lampedusa, pienso en los 'últimos' que todos los días claman al Señor, pidiendo ser liberados de los males que los afligen", ha recordado el Papa.

A continuación, ha desgranado la lista: "Son los últimos engañados y abandonados para morir en el desierto; son los últimos torturados, maltratados y violados en los campos de detención; son los últimos que desafían las olas de un mar despiadado; son los últimos dejados en campos de una acogida que es demasiado larga para ser llamada temporal".
Drama

"¡Son personas, no se trata sólo de cuestiones sociales o migratorias! No se trata sólo de migrantes, en el doble sentido de que los migrantes son antes que nada seres humanos, y que hoy son el símbolo de todos los descartados de la sociedad globalizada", ha explicado Francisco.

Además, ha movilizado a los católicos ante este drama pues, dice, se trata de "una gran responsabilidad, de la que nadie puede estar exento si queremos llevar a cabo la misión de salvación y liberación a la que el Señor nos ha llamado a colaborar".

También se ha dirigido a los migrantes: "Sé que muchos de vosotros, que habéis llegado hace tan sólo unos meses, ya estáis ayudando a los hermanos y hermanas que han venido recientemente. Quiero agradeceros este hermoso signo de humanidad, gratitud y solidaridad", les ha dicho.

El Vaticano pidió que se respetara la intimidad de los participantes, y no reveló sus historias. En primera fila asistían mujeres africanas con hijos de pocos meses llevados en brazos, que miraban a Francisco sonrientes y serenas.

Al concluir la ceremonia, el Papa no abandonó la basílica, y se detuvo para saludar uno a uno a todos los participantes. Emocionados, algunos le abrazaban e intentaban contarle su historia. Otros le entregaban fotografías y objetos religiosos. Un joven la ha llevado una cesta con productos, probablemente cultivados en una de las cooperativas impulsadas por religiosos en Italia para dar un futuro a estas personas.

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