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Europa enfrenta a una potente ola de calor: en Madrid llegará a los 40°

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El calentamiento global llegó para quedarse. Europa se enfrenta a partir de este lunes a una potente ola de calor que puede romper registros de temperaturas. Las autoridades lanzaron advertencias a la población y la consideran “potencialmente peligrosa sobre una larga porción de Europa occidental y central” por la intensidad que puede alcanzar.

Buena parte de Europa, poco acostumbrada a ver registros por encima de los 35ºC, se prepara para sufrir también un episodio que podría ser de récord.

Los meteorólogos aseguran que el proceso se debe a que una tormenta estancada en el Atlántico y un anticiclón de altas presiones en la Europa continental están permitiendo que el aire caliente de África se traslade al norte, un fenómeno inusual que disparará esta semana los termómetros.

Si un Madrid a 40 grados no es un fenómeno tan extraño para finales de junio, sí son extemporáneos los 37 que puede alcanzar Berlín este miércoles, los 36 de Frankfurt, París y Praga, los 35 de Ginebra y Viena y los 33 de Budapest. El fenómeno, según los especialistas, es el anuncio de un verano muy caliente en la Europa continental que pude romper récords de temperaturas.

La mayor parte de Francia superará los 35 grados y se acercará a los 40 desde el lunes al menos hasta el miércoles. Sólo se salvará la región noroccidental de Bretaña. Registros similares se esperan en regiones que no suelen tener esas temperaturas como el norte de España, la mayor parte de Alemania, Bélgica, Holanda, República Checa, Hungría o Eslovaquia. En pocos lugares de la parte occidental y central de Europa continental bajarán los termómetros por debajo de 20 grados durante la noche.

El peligro de que no bajen de 20 grados las temperaturas durante la noche consiste en que las viviendas, oficinas e industrias no consiguen enfriarse de forma natural, por lo que en realidad sufrirán tres días de calentón que sólo empezará a disiparse a finales de semana. Los médicos consideran que esa situación aumenta el riesgo de enfermedades relacionadas con el calor y recuerdan vigilar especialmente a niños y ancianos.

La ola de calor será corta, en la mayor parte de las regiones de no más de tres días, pero los meteorólogos advierten de una intensidad inaudita. Francia, uno de los países más expuestos, intentó tomar medidas en los últimos días para paliar sus efectos. Desde el Ministerio de Sanidad se advirtió a ayuntamientos, hospitales y residencias de jubilados que estuvieran en máxima alerta. Otros años hubo fuertes críticas por las víctimas mortales que habían provocado olas de calor de intensidad menor.

La ciudad alemana de Múnich puede alcanzar la temperatura más alta de la historia de Alemania (desde que hay registros). La previsión asegura que hay muchas posibilidades de superar los 40,3 grados que alcanzó la capital bávara en 2015. Aunque esa región que engloba el sur de Alemania, Suiza, la República Checa, Eslovaquia y Hungría será la que vea las temperaturas más altas, estas llegarán también a los Balcanes a ciudades como Belgrado y al este del bloque, alcanzando Bucarest o Sofía.

La Agencia Europea del Medio Ambiente explicaba la semana pasada que las previsiones adelantan un verano europeo de temperaturas otra vez por encima de la media y que podría superar en calor al de 2018, que ya fue uno de los tres más cálidos de la historia de Europa.

La crisis climática pone a Europa ante sus contradicciones. El pasado jueves, en una cumbre en Bruselas, cuatro países del bloque (Polonia, Hungría, República Checa y Estonia) se negaron a que la Unión Europea aprobara por unanimidad una estrategia contra el calentamiento global que incluye la eliminación total de las emisiones de gases contaminantes para 2050. El reto, 24 países, de acuerdo con el objetivo, tuvieron que llevar el compromiso a una nota a pie de página en el comunicado final de la cumbre.

El cambio climático no parece algo del futuro. El verano pasado hubo incendios de una intensidad y tamaño inéditos en regiones como Escandinavia, varios países europeos tuvieron que apagar centrales nucleares ante la imposibilidad de refrigerarlas adecuadamente, aumentaron las tasas de mortalidad por enfermedades relacionadas con el calor y se redujeron las cosechas.

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