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La mendocina que nació sin poder caminar ni mover las manos: "Soy feliz"

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Por Marcia Castro

Gloria tiene 63 años y posee artrogriposis congénita con malformación de los cuatro miembros. Debido a eso no puede caminar ni mover las manos.  “Todo lo hago con la boca, tejo, cocino, escribo, manejo la computadora, el celular, todo con la boca”, expresó a Diario La Provincia.

Gloria Romero vive en el B° San Ignacio de Loyola, ubicado dentro de la localidad de Carrodilla, en Luján de Cuyo. Su discapacidad tiene nombre: artrogriposis congénita con malformación de los cuatro miembros. Aun así, su recorrido de vida demuestra que esta condición no le impidió perseverar en sus sueños e ideales.

Cuando yo era chica no iba a la escuela. A los quince años yo veía que mis amigas hablaban de la escuela, de los profes y nunca me dejaban participar porque yo no sabía, entonces no podía entrar en el tema de conversación. Le dije a mi mamá que yo no quería fiesta de quince años, lo que yo quería era que me buscara una maestra, una maestra particular”, expresó. Su mamá en casa ya le había enseñado a leer, a escribir, y también resolver cuentas.

“Enfrente de mi casa había una señora que trabajaba en una escuela y ella averiguó y me contó de la escuela domiciliaria. Así fue que el director me tomó una prueba y me puso en cuarto grado”. Como antes la primaria duraba hasta sexto grado, hizo tres años. Al concluir la primaria el director de escuelas de ese momento la becó y siguió estudiando. “Estudié seis años de inglés. Como no tenía la secundaria hecha no podía seguir, entonces hice la secundaria en un CENS: 78”.

La época gloriosa de la secundaria

“En la secundaria no tuve problemas de discriminación de ningún tipo. Siempre me gustó estudiar entonces nunca me costó nada. Al haber hecho seis años de inglés cuando tuvimos la materia en el CENS me querían sacar afuera. Me decían ´usted cállese Romero, porque si no se va afuera´”.

Gloria recordó esos años con especial cariño. “Fueron tres años hermosos. El último día que vivimos fue inolvidable, no podíamos creer que habíamos hecho tres años y que nos teníamos que separar. El director nos dijo que él estaba a cargo de los cursos hacía mucho y sin embargo cursos como el de nosotros no lo había tenido nunca”.

Educación universitaria: una puerta cerrada para el conocimiento

“Al terminar quise entrar a una facultad y ninguna me aceptó. Porque recuerdo que me dijeron que una persona discapacitada no podía tener un título universitario”. Como la carrera que quería estudiar Gloria era psicología, tuvo que optar por carreras privadas. Corría el inicio de la década del 90.

Fui a la universidad del Aconcagua. Fui a la universidad Católica y ahí también me dijeron que no. Peor me trataron. Después fui a la universidad Maza y menos. No estaban preparados para una persona discapacitada. Cuando fui a la Maza me dijeron que no iba a poder aprobar computación, cuando yo estuve quince años trabajando en mi casa con una academia de dactilografía”. Después de la negativa de las universidades privadas, una amiga la animó a asistir a un instituto particular, donde Gloria hizo cuatro años de analista de sistemas.

Pero el deseo de aprender y el querer estudiar sin importar los obstáculos hizo que Gloria acabara en el instituto terciario Manuel Belgrano. Allí empezó diseño gráfico y publicitario. De cien postulados en el pre universitario quedó en décimo puesto por orden de mérito. Sin embargo la marginación por su discapacidad le siguió trayendo inconvenientes.

“Los profesores decían que era mentira, que yo pagaba por mis propios trabajos porque no lo podía hacer. Otra profesora también dijo lo mismo, que no podía ser que yo haya elegido una carrera así. Decían que yo había elegido una materia en la que no podía desarrollarme”, expresó.

Una experiencia particular la hizo tomar la decisión de dejar. “Para que a la salida no que quedara sola en la calle esperando el remís me acompañaban mi mamá y mi tía. En una de las ocasiones le prohibieron a mi mamá que estuviera adentro del instituto. Le dijeron que se retirara a la calle, que fuera a la calle. Y yo dije, “no puedo permitir que mi mamá esté en el viento con la lluvia, mientras yo curso”. Entonces decidí abandonar por esa razón”. Ya tenía todas las materias listas para rendir.

Mendoza: ¿preparada para la gente con discapacidad?

Gloria viajó una sola vez en colectivo: cuando en una ocasión fue a Uspallata con un grupo de abuelos. Está más acostumbrada a movilizarse con remises. Haciendo la comparación de la época actual con la de los años noventa, Gloria expresó: “Yo creo que nos hemos quedado. No está preparada la sociedad. Es muy poco el avance que se ha hecho con respecto a las veredas y las calles. Los micros, sin ir más lejos. La línea que pasa por acá, que es la del 700 creo que hay un micro que tiene rampa. Pero cuando no le falta el aceite le falta el tornillo o alguna otra cosa. Es como si no tuviera rampa”.

Trabajó seis años

Estuve trabajando seis años en una asociación de abuelos. ´Abuelos caminando por la vida´ se llama. Yo era la pro tesorera. Para ir a hacer los trámites al banco no podía estar. Pusieron a un señor para que fuera a hacer los trámites al banco. Todo lo demás lo llevaba yo. Junto con la presidenta llevaba el centro de abuelos. Me encantó. Harán cinco años atrás dejé, en el 2010. Ellos, en agradecimiento a todo lo que hice me regalaron la silla de ruedas a motor”.

“Es mi deseo crear una institución para ayudar a todos esos chicos que nunca la mamá lo ha llevado a hacerlo ver, lo tienen escondido en la casa, tienen vergüenza de él. A mí me encantaría tener una institución así, ayudar, estar. Yo le agradezco a mi mamá y a mi papá que me han tenido. El haberme dado la educación que me dieron. Nunca me ocultaron, siempre me llevaron alzada a todos lados. A mi papá ya no lo tengo pero tengo a mi mamá y es por la que lucho”.

Se vive mejor siendo realista y no imaginaria. Soy feliz y acepto las cosas como son. Yo sé mis límites, yo sé hasta dónde llego. Ahora me dedico a vender cosméticos. Salgo, tengo unas 30 clientas de la zona. Vendo cinco marcas”.

Gloria vive con su mamá, y recibe la visita cotidiana de amigas. De vez en cuando prepara chicos y chicas en la materia de inglés. Teje al crochet, dibuja, cocina, maneja el celular y la computadora, sólo usando la boca. Con un palito punzante de madera sabe dar direcciones.

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