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Domingo de Ramos: “Con la cruz no se puede negociar"

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El Papa marca a los cristianos “el camino de la humildad” frente a la tentación del “triunfalismo”. Y lo ha hecho durante la eucaristía del Domingo de Ramos, que marca el inicio de la Semana Santa para los católicos. En una plaza de San Pedro repleta de fieles, Francisco bendijo los ramos y recreó la entrada de Jesús en Jerusalén antes de ser ajusticiado, morir y resucitar.

Precisamente a la luz del Evangelio, el Papa reflexionó cómo el maligno tenía para Jesús “una carta por jugar, la carta del triunfalismo”. El Papa explicitó cómo “el triunfalismo trata de llegar a la meta mediante atajos, compromisos falsos. Busca subirse al carro del ganador. El triunfalismo vive de gestos y palabras que, sin embargo, no han pasado por el crisol de la cruz; se alimenta de la comparación con los demás, juzgándolos siempre como peores, con defectos, fracasados…”.

No se detuvo ahí Francisco, sino que admitió que el triunfalismo traducido en “mundalidad espiritual” es “la tentación más pérfida que amenaza a la Iglesia”, parafraseando al cardenal jesuita francés Henri de Lubac que jugó un papel clave en el Concilio Vaticano II.

Sin embargo, recordó en su homilía cómo “el Señor respondió permaneciendo fiel a su camino, el camino de la humildad”. Para Francisco, este sendero pasa inexorablemente por la cruz. “Él sabe que para lograr el verdadero triunfo debe dejar espacio a Dios; y para dejar espacio a Dios solo hay un modo: el despojarse, el vaciarse de sí mismo. Callar, rezar, humillarse”.

El Papa advirtió a los presentes de que “con la cruz no se puede negociar, o se abraza o se rechaza. Y con su humillación, Jesús quiso abrirnos el camino de la fe y precedernos en él”. De hecho, aseveró que el triunfalismo es “destruido por la humillación de Jesús”.

No a los superhombres

Jorge Mario Bergoglio explicó además cómo la Pasión de Cristo “nos muestra cómo hemos de afrontar los momentos difíciles y las tentaciones más insidiosas, cultivando en nuestros corazones una paz que no es distanciamiento, no es impasividad o creerse un superhombre, sino que es un abandono confiado en el Padre y en su voluntad de salvación, de vida, de misericordia”.

El Domingo de Ramos coincide además con la celebración anual diocesana de la Jornada Mundial de la Juventud, por lo que el Papa también tuvo unas palabras para las nuevas generaciones de católicos, partiendo de su reciente exhortación postsinodal “Cristo vive”.

Santos de la puerta de al lado

“Quiero recordar a tantos santos y santas jóvenes, especialmente a aquellos ‘de la puerta de al lado’, que solo Dios conoce, y que a veces a él le gusta revelarnos por sorpresa”, expuso el Papa a la vez que lanzó un desafío a los “millennials”: “Queridos jóvenes, no os avergoncéis de mostrar vuestro entusiasmo por Jesús, de gritar que él vive, que es vuestra vida. Pero al mismo tiempo, no tengáis miedo de seguirlo por el camino de la cruz”.

“Es la hora de Dios. Y en la hora en que Dios baja a la batalla, hay que dejarlo hacer”, exclamó el Papa al final de su homilía para reivindicar que en esta lucha entre el bien y el mal “no se trata de poner la mano en la espada, sino de mantener la calma, firmes en la fe”.

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