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Augusto Alonso: tiene 24 años, le amputaron una pierna y representa al país en el seleccionado de fútbol

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Por Carla Palomino

Augusto Alonso, de 24 años, fue amputado cuando apenas era un niño. Nunca se puso límites sobre lo que era capaz de hacer y así fue superándose día a día. Un ejemplo de vida y una personalidad destacada en el deporte, además, un gran motivador para quienes han pasado por una situación similar.

“Me amputaron a los diez años. Tuve un osteosarcoma, cáncer de hueso, justo debajo de la rodilla, en la unión de tibia y peroné”, contó a diario La Provincia.

Augusto expresó que fue toda una vivencia que no se esperaba. “Yo pase todo un tratamiento de quimioterapia intentando salvar la pierna, cuando me dijeron que me iban a amputar, cambió todo el sentido de lo que hacía, por el hecho de que ya no iba a poder hacer muchas cosas”. El joven cuenta que creyó que nunca más iba a poder hacer las cosas que le gustaban, o lo cotidiano.

“¿Cómo iba a volver al colegio?, ¿Cómo iba a hacer las cosas con una sola pierna?, ¿Cómo iba a jugar a la pelota?, ¿cómo iba a hacer todo “normal”, como lo hacía antes?”, se preguntaba durante el primer tiempo que comenzó a vivir sin una de sus piernas.

El joven contó que no existe una adaptación que se pueda medir en tiempo, porque nunca termina, siempre se descubren nuevas cosas que pueden ser funcionales para poder hacer todas las actividades de manera cómoda.

“Siempre estás en proceso y adaptándote a los nuevos cambios, como una prótesis o los bastones, pero fue todo a prueba y error: cómo volver a caminar, cómo patear una pelota, cómo podía hacer las cosas que hacía, no de la manera en que las hacía antes, pero si hacerlas”, expresa.

El deporte: un pilar fundamental en su vida

Augusto es amante del deporte. Es reconocido en la provincia por sus grandes talentos: hace futbol, sky y bicicleta por hobbie. Desde pequeño fue al Club Mendoza de Regatas, donde también aprendió, jugando, a hacer muchas de las cosas que hoy hace como profesional.

“Empecé el deporte como un hobbie, por curiosidad y me empecé a aventurar en ellos como mi manera de normalizar todo lo que me había pasado”, cuenta, y continúa, “quería igualar lo que hacía antes, ser el mismo, hacerlo  con la misma frecuencia y no dejar de hacerlo porque me faltara una pierna”.

El deportista explica que fue probando de a poco y se dio cuenta que podía hacer todo lo que le gustaba hacer, antes de ser amputado. “Comencé de a poco con la bicicleta, a jugar a la pelota con mi vecino y mis primos”, cuenta. Además explica que ingresó al mundo del sky  gracias al Hospital Notti que tenía un convenio con una fundación en Chile. “Eso fue lo que me empezó a abrir las puertas para poder hacer esos deportes de una manera más profesional”, explica.

“Con el fútbol yo pude ser parte del Seleccionado Nacional de futbolistas amputados y así representar a Argentina en 5 torneos internacionales, viajando a Rusia, México, Colombia, Paraguay, Brasil y conociendo todos estos lugares”, expresa con felicidad.

Además cuenta que quiso viajar en el 2014 a los XXII Juegos Olímpicos de invierno, en Sochi, como esquiador, pero que no pudo por temas económicos. “Estoy actualmente intentado hacer sky nórdico, una disciplina a nivel paralímpico”, dice.

“La bicicleta es a modo hobbie pero siempre proponiéndome nuevos objetivos: ya he hecho el cruce a Chile dos veces, he venido desde Malargüe pedaleando hasta el centro de Mendoza”, cuenta el joven aventurero.

Su testimonio de vida y su lucha por la no discriminación

“Es una situación en la cual uno se aventura porque no le queda otro remedio. Nadie desea que le amputen una pierna pero bajo esta vivencia no podes negarte, tirarte atrás, porque es lo que tenés y tenés que ser lo más fuerte posible porque vas a estar con ello toda la vida”, expresa el joven.

“Entrás en un mundo nuevo en donde hay un montón de incertidumbres y preguntas que con el tiempo vas a ir respondiendo, pero al principio estas en la nada misma. Es cuestión de soltarse y de recaudar información, contactar gente que haya tenido una amputación o googlear, aprovechando que hoy tenemos la facilidad del internet”, dice y confiesa que lo más importante es  “empezar a normalizarlo y llevarlo a la cotidianeidad”.

El deportista es un gran motivador para quienes han pasado por una situación similar, ya que también es ejemplo de que siempre se puede. “Uno no es una pierna, ni es un brazo, es una parte de tu cuerpo pero no te condiciona a nada, lo importante es la actitud y el querer hacer las cosas”, dice.

Augusto expresa también que, desde hace un tiempo, ha visto cambios en la sociedad. “En Mendoza se está normalizando la palabra discapacidad y se están adaptando las estructuras para las personas que tengan algún impedimento motriz o que busquen la independencia, ya sea el piso para una persona ciega, rampas, anulación de cordones poniendo todo a un mismo nivel”, nombra como ejemplos.

El joven está convencido de que los grandes cambios se consiguen con ayuda de la sociedad, de que todos sumen su granito de arena, para poder incluir cada vez más a las personas con discapacidad. “Todos sumamos al cambio, todos somos partícipes delo que pueda llegar a sentir una persona con discapacidad”.

“Cuando te topas con una persona con discapacidad hay que tratarlo como es, es una persona. No es un bicho raro o tan diferente a uno. Es cuestión de que todos sumemos y vayamos en la misma sintonía, así  todo puede mejorar más rápido”, concluye.

Una prótesis a medida

Augusto cuenta que de los 13 años que lleva amputado, casi 12 estuvo sin prótesis. “Recién en enero del año pasado empecé a usar prótesis, que me la realizo la empresa Ottobock, una marca alemana con sede en Buenos Aires”.

El deportista cuenta que no fue sencillo encontrar una prótesis que le sirviese y le fuese cómoda para todas las actividades que realiza. “Tres ortopedistas previos me vieron, y recién cuando viaje a Buenos Aires me pudieron hacer algo que pueda usar, una prótesis funcional”.

“Es bastante cómodo, tuve también un montón de pruebas, pero hoy en día la siento cómoda y útil”, cuenta y continúa, “con los bastones me siento cómodo, pero siempre y cuando pueda practicar con ellos y me sean útiles”. Augusto usó 12 años los bastones, y aún los utiliza en algunas oportunidades.

 

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