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La hipotesis del envenenamiento en el crimen de Gisselle Solís

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La odontóloga platense Gissella Solís Calle (47) murió presuntamente envenenada el mismo día en que desapareció. La habría asesinado su pareja, Casimiro Abel Campos (54), tras una discusión que mantuvieron en la casa de la profesional, en Berisso. Esa era la principal hipótesis de la investigación este martes, tras el hallazgo del cuerpo en un descampado, 13 días después de que su familia dejó de tener tener noticias de ella.

La sospecha es que el femicida habría mantenido el cuerpo de la víctima en el baúl de la camioneta casi toda la mañana del miércoles 16 de enero, hasta que cerca del mediodía la enterró en pastizales de un viejo camino sin tránsito, a un costado de la Autopista La Plata-Buenos Aires.

Allí, entre los fachinales del Camino Negro (ex ruta 19) que conecta la autovía con la localidad ribereña de Punta Lara, la policía bonaerense encontró el cuerpo de Gissella, enterrado a 40 centímetros de la superficie y recubierto por una sábana color rosa, que pertenecía a la mujer. El hallazgo fue cerca de las 11 del martes. Pocas horas después los familiares de la dentista confirmaron su identidad.

Llegaron hasta ahí por la revisión de 30 cámaras del Municipio de La Plata que lograron reconstruir los movimientos de una Nissan pick up amarilla, propiedad de Campos. El recorrido indicaba que ese vehículo pasó por 1 y 44 hacia el acceso a la autopista a las 12.47. Luego es tomada cerca de la bajada hacia Villa Elisa, a las 14.25; más adelante, a las 14.39, en esa localidad y ya minutos después cuando entra otra vez al centro de la ciudad. En ese lapso entró a la zona de la selva marginal de Punta Lara, escondió el cadáver y siguió con su vida.

Fue el final de una búsqueda de dos semanas y el cierre de un oscuro episodio de violencia de género que eleva a 21 el número de femicidios en lo que va del año.

Campos, quien tenía una doble vida, con un matrimonio y dos hijos en Lobería (en el sureste de la provincia de Buenos Aires), se suicidó el lunes 21, en un hotel del centro de La Plata. Era el principal sospechoso por la desaparición y ahora la Justicia tiene pruebas para creer que es el responsable del homicidio. Se pegó un tiro en la cabeza cuando los investigadores policiales lo fueron a buscar para llevarlo a una declaración testimonial ante la fiscal platense Ana Medina, a cargo de la causa y la búsqueda.

En los días previos, había habido procedimientos de varios días en el extremo oeste de la capital bonaerense y en la otra punta de la ciudad. Los familiares de la mujer también hicieron sus pesquisas, intentando seguir los pasos habituales de la odontóloga, que trabajaba en Capital. Ayer, su hermana Mariela Solís, tras reconocer el cuerpo, lamentó:“Este desgraciado (por Campos) desmembró nuestra familia” (ver aparte).

Campos era un ex combatiente de la guerra de Malvinas y trabajaba en el Departamento de Veteranos de la obra social IOMA. Tiene familiares en City Bell y una hija estudiando en La Plata. En esta ciudad veía a Gissella. Y los fines de semana viajaba a Lobería, donde tenía a su esposa.

Por la “doble vida” de él, el vínculo con la odontóloga recorría caminos sinuosos. Solís Calle habría decidido emplazar a Campos para que cortara la relación con su esposa. Fuentes judiciales que accedieron a testimonios del entorno y de los vecinos aseguran que “había fuertes diferencias y a veces se escuchaban gritos”. Y que Gissella habría tenido decidido romper con el ex combatiente.

Incluso, el martes a las 22.15, en el último contacto con su hermano Hugo, la víctima le escribió que estaba junto a su novio, pero “estamos discutiendo mucho”. Ese fue el mensaje final, después Gissella despareció.

El 15 de enero cenaron en el departamento de ella. Allí la habrían envenenado. La policía halló dos copas, que fueron peritadas con resultado dio negativo. Pero en la habitación donde se mató Campos había cápsulas de un intenso insecticida.

La hipótesis del envenenamiento se consolidó el martes con el informe preliminar de la autopsia: “Sin signos de asfixia”; “no hay marcas de defensa o de ataque”; “no hay causal de muerte evidente”, dice el parte enviado desde la morgue judicial. Será necesario un informe histopatológico y toxicológico para confirmar la modalidad que usó Campos para el crimen.

La reconstrucción de sus movimientos indican que el día que habría muerto la odontóloga, Campos, a las 6.37 ingresó a IOMA, salió unos minutos después, reingresó y se fue a las 7.50. Al mediodía su camioneta fue captada por una cámara en 1 y 44, cuando iba -según la hipótesis- hacia la autovía para llevar el cuerpo que cargaba desde la madrugada en la caja de la 4x4. A la tarde, llevó la pick up a un lavadero. “Lavame bien el interior, sobre todo el baúl”, le habría dicho al playero. Después la dejó en un taller mecánico. Y esa misma noche se fue a Lobería.

El resto del relato es conocido: en su pueblo pasó un fin de semana “normal” y cuando lo llamaron por la desparición de Gissella volvió a La Plata. Pero no para declarar, sino para terminar matándose. Completó su segundo acto de irracionalidad.

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